Cada etapa en la vida es primordial, y vivirla de acuerdo a la edad, tiempo y personas que en ese momento se encuentran cerca de nosotros, es fundamental para que más adelante no nos encontremos con “me habría gustado iniciar, terminar, aprender, hacer, jugar, decir, acompañar, viajar, descansar, disfrutar” y un sinfín de “hubieras” que nos atan al pasado y nos distraen para no estar atentos en las actividades presentes, o bien surgen los miedos y las angustias, ya que sin esos conocimientos y experiencias previas que creemos indispensables y algunas veces sí lo son, solemos sentirnos en desventaja para alcanzar metas a futuro.

Por supuesto que nunca es tarde para reiniciar un proyecto, aprender eso que nos causa curiosidad y pensamos nos llenará de satisfacción, es posible lograrlo con constancia y compromiso, sin embargo es una realidad que conforme cambiamos de etapa en nuestras vidas, las situaciones también cambian, quien de niño no aprendió a nadar, ahora como adulto tiene la oportunidad de tomar clases y aprender, sólo que está vez costará un poco más que en la infancia, pues necesita organizar su agenda de trabajo, costear sus gastos fijos, canalizar más su energía, tal vez restar tiempo para descansar, etc. Mientras que a un niño, le bastarán un par de indicaciones para flotar, brazear, sumergirse y de pronto andará libre como pececito, una vez que su memoria célular recuerda que ya estuvo nadando nueve meses y lo hace con toda naturalidad.

Lo mismo sucede cuando se toma la decisión de adelantar las etapas, por ejemplo una pareja joven decide formar un matrimonio justo al terminar sus estudios, al tiempo viene un embarazo y entonces los nuevos papás empiezan a faltar a sus salidas nocturnas con los amigos (ya que no siempre tendrán una nana disponible), trabajan más duro para cubrir las necesidades de su hijo, lo que disminuye su tiempo en pareja, entonces empiezan a darse cuenta que si bien es una bendición ver crecer a su hijo, también extrañan la vida que siguen llevando sus amigos solteros que van paso a paso conociendo personas, continuaron estudiando, pueden distribuir más su tiempo en obligaciones y ocio, es entonces cuando la pareja joven puede lamentar haber adelantado sus planes y tal vez busque reponer ese tiempo perdido, organizándose con responsabilidad sin duda podrán darse “sus escapaditas” con los amigos o lograr dormir a su niño para estar a solas, aunque existe el riesgo de que si no hay buena comunicación en las partes, dejen las cosas así, no cambien por años y se frustren.

O surge la conocida frase “a vejez viruelas”, cuando decimos “siempre quise ponerme un piercing en el ombligo” y a mis 54 años tomo la decisión de ir a escogerlo, obviamente quiero que todo mundo lo note, entonces voy por una blusa que al subir las manos lo deje ver, pero oh sorpresa! hace años que dejé de visitar gimnasios, los 3 embarazos dejaron su huella, no cuidé mi alimentación, pero nada importa porque quiero mostrar a como de lugar el piercing en mi ombligo, este ejemplo puede ser cuestión de escrúpulos, o variar de cultura, sin embargo tomando la opinión general, ciertos hábitos, maquillajes, vestuario, son adecuados a cada edad.

Vivir cada etapa en plenitud, nos permite sentirnos más relajados porque no vamos dejando pendientes, porque nos vamos formando como las piezas de una rompecabezas, que son únicas y

ninguna embona en el espacio de otra, si falta una, queda un hueco que puede llenarse más tarde si se da con la pieza, esforzándonos, dedicándonos con ahínco a encontrarla, o puede quedar permanentemente vacío y vivimos añorando lo que nos faltó completar. Por eso a todo le corresponde un tiempo, hay que estar atentos para vivirlo!!!

Por: Imelda Lepe Beas
Lic. en Cs. de la Comunicación y Terapeuta Gestalt

 

Fotografía por  mrlins