Por Alma Judith Astengo

Había una vez una reunión de animales, donde cada uno hablaba de sus cualidades y características; estaba allí un león que presumía de su linda cabellera y de ser el Rey de la Selva; un lindo pavorreal que abría muy orgulloso su plumaje; diciendo que la naturaleza lo había hecho más bello que ninguno: y una lechuza que hablaba de sus plumas suaves; pero allá , colgado de un árbol y de cabeza, permanecía un animalito, que escuchaba todo, pero él no decía nada, parecía dormido.
Y aquel animalito empezó a llorar y pensaba…Por qué yo no soy tan hermoso como los demás animales?
De pronto lo escuchó una rana, y le dijo: Por qué lloras? -Por nada-, contestó el animalito de mala manera. Cómo te llamas? –le dijo la rana- Murcíelago- contestó- Murciélago?  Que nombre tan más ridículo Ja Ja –se retiró burlándose de él.

Más tarde pasaron unos niños que les gustaba ver a los cisnes, -Mira mamá, qué lindo es aquel que tiene plumaje blanco. De pronto uno de ellos descubrió colgado al murciélago y gritó Ay! Ay! Qué animal tan feo! Vámonos, vámonos de aquí! Y salieron corriendo, dejando más triste aún al pobre murciélago.

Mas tarde el murciélago platicaba con un grillito, le decía –mira grillito, yo puedo volar- y eso qué! –contestó el grillo, hay muchos animales que vuelan y están más bonitos que tú –pero mira, yo me puedo colgar de un árbol –y eso qué!- Contestó el grillo, los changos también  se pueden colgar y no espantan a los niños como lo haz hecho tú, y el murciélago se alejó.

Seré realmente feo? Pensó el murciélago. Tengo las orejas de amplio pabellón, unas lindas alas formadas por una membrana fina de músculos y fibras elásticas cubirtas de piel.

No haré caso, dijo, y salió volando a 50 kilómetros por hora, como queriendo huir de ese lugar donde tanto lo habían ofendido. Voló largo tiempo durante la noche, emitiendo un sonido especial que chocaba contra los objetos y al reflejarse después en forma de eco, le servía para saber contra qué objeto podía chocar.

Así pasó un día y otro, atrapando insectos para alimentarse, aunque a veces también comía hojitas secas; a él le gustaba volar de noche y de día permanecía otra vez colgado en los árboles, sin hacer caso de nadie, quizá no deseaba ser molestado.

Llegó la primavera y las ranas y los sapos invadieron la noche con su croar, una de ellas sonaba como campanilla y la rana toro parecía contestarle un cho-co-rum.

Por qué esas ranas feas estan tan contentas y yo no puedo ser feliz? –dijo el murciélago- dentro de tí está  la felicidad –le contestó la lechuza-,que alcanzó a escucharlo. Dentro de mi? –Sí , claro!- y se alejó de inmediato.

Pero cómo si yo soy tan feo? Parece que la naturaleza se equivocó al hacerme.

Otra vez llegó y pasó la noche, atrapando insectos y comiendo muy triste, y, al amanecer…de nuevo se colgó del árbol con la cabeza colgando como columpio. Era de pelo suave y espeso, color gris; aunque tenía parientes rubios y otros leonados, había como mil diferentes en su especie, pero para él, todos eran feos.

En una ocasión vió ordeñar una vaca y escuchó cuando un hombre le decía palabras bonitas al animal, Qué buena eres vaquita! Si no fuera por la leche que me das, no podría hacer el rico queso que tanto le gusta a mis hijos. El murciélago quiso ir a platicar con aquel hombre, pero único que logró fue que se espantara y tirara la leche que llevaba.

Y de nuevo se fue volando hasta llegar a una cueva, era una noche fría, que lo obligaba a cubrirse con sus alas. De pronto, al voltear la cabeza pudo ver a un animal mucho más grande, parecía un perro pequeño, pero tenía alas, que abiertas medían como dos metros. Quién eres tu? –le dijo el murciélago- yo? Contestó soprendido el animal- soy tu amigo, no me temas, yo también soy murciélago, pero por qué eres tan distinto a mi? Pues porque seguramente así eran mis padres, pero -Qué no sabes que somos como mil especies distintas de murciélagos? –Mil?-repuso el murcielaguito –Y por qué a mi me tocó estar tan feo? –No eres feo- Si, si lo soy, y los niños se asustan cuando me ven, hasta las gallinas se espantan.

Pues verás tenemos que arreglar esto, dijo, llamaremos al más viejo de nuestra especie para que nos aconseje.

Cuando llegó el más viejo le dijeron: a ver amigo, tú que eres el de más experiencia, quisiéramos pedirte un consejo, aquí mi amigo desea tener una cualidad que lo haga sentirse bien, algo que los demás animales no tengan. –Ya sé! Tú te puedes colgar de los árboles! –No, no otra cosa, algo que me haga sentir orgulloso, -Ya sé! Que salims de noche y podemos volar a buscar comida. Sí pero hay otros que también lo hacen; pero necesito algo que los demás no tengan. Ya está! –Dijo el más viejo- Que nosotros somos mamíferos! –Y eso qué?- le contestó el murcielaguito, hay miles de mamíferos en el mundo, -así es- repuso el más viejo, pero somos los únicos mamíferos que podemos volar! Bravo! Bravo! –Dijeron todos- y se pusieron muy alegres; salieron volando, como queriendo devorar la noche con su mirada.

A la noche siguiente, el murcielaguito se puso a cantar muy contento y lo escuchó un niño, y le preguntó –Por qué estás tan contento murcielaguito? –Es que soy el único mamífero que puede volar, y eso es para enorgullecerse-.

Claro! Le contestó el nuevo amigo, además tienes un nombre muy bonito. Bonito! Pero si mi nombre es muy feo. –a mi me parece interesante-. Y qué tiene de interesante llamarse murciélago? –Pues es el único nombre que tiene las cinco vocales y ningún otro las tiene. Oh claro! Qué feliz soy! Qué feliz soy!

Se fue cantando y volando; el murciélago vivió feliz toda la vida.

FIN.